Agrupación de rock alternativo cumplió con ofrecer un concierto para la historia, en la explanada del estadio Monumental, en Lima.

Mario Zapata / RPP

Tras más de una década de espera, finalmente llegó el día. Los integrantes de la banda James están en Lima y están dispuestos a saldar la deuda que tienen con sus fanáticos peruanos: ofrecer un concierto que deje huella en Lima y en sus corazones, con su larga lista de éxitos.

El reloj marca las 9:30 de la noche. Más de 10 mil personas esperan impacientes, según informa la producción a cargo del espectáculo -aunque, evidentemente hay más-. Se escuchan silbidos, palmas, gritos insistentes que piden rock.

Las luces se apagan para anunciar a los telones: los norteamericanos 311. “Muchas gracias, Perú. Es un placer estar esta noche con ustedes”, dice el cantante Nick Hexum, antes de proceder con una descarga casi incansable de energía que puso a saltar al ritmo de ‘Love Song’, ‘Amber’, ‘Beautiful Disaster’, ‘Come Original’ y ‘Down’.

Termina la primera parte del concierto. Son las 10:30 p.m. y la fanaticada entró en calor. Una hora de show fue suficiente para que la banda de Nebraska hiciera que aquellos señoras y señores entre el público -que eran la gran mayoría de los presentes-, recordaran su adolescencia con desenfrenados movimientos de cabeza y hasta un poco de pogo.

Los minutos pasan y la impaciencia aumenta. Ya se pueden divisar a más de 15 mil fanáticos pidiendo que salga por fin James. La producción parece haber escuchado el reclamo y responde apagando nuevamente las luces, para crear la atmósfera de misterio necesaria previa a -uno de los hits más recordados de James- "Born of frustration".

Tim Booth y compañía saltan al escenario. Él luce orgulloso un chullo peruano de lana en su cabeza brillante, mientras lanza descargas de electrizante energía interpretando "Say something", "Sometimes" y  "Sit down".

Completamente entregado, el cantante baja hasta el nivel del público para saludar a sus admiradores -lo que hizo delirar a más de uno- y agradece al Perú por haberle ofrecido un recibimiento tan cálido y la oportunidad de conocer la paz que se respira en Machu Picchu -donde estuvo apenas unos días atrás-.

Suena "Laid" y llega la hora de decir adiós. Casi dos horas de concierto parecen pocas cuando la espera fue tan larga, pero Tim promete que esta no será la última vez que el Perú lo vea cantar y el público le cree.