La historia del encuentro entre John Lennon y George Harrison narrado por Alfredo Gálvez

Columna Alfredo
“Cuando George estrechó la mano de John” por Alfredo Gálvez

Las calles del puerto estaban resbaladizas. El frío era penetrante, calaba en los huesos. – “Si todo lo que me ha dicho Paul es verdad, con el vértigo de la música entraré rápido en calor y cederá este frío miserable” - pensaba George, mientras caminaba a paso apurado hasta el Wilson Hall, conocido local en Liverpool ubicado frente a la estación de Garston. Este se caracterizaba por sus ventanales de góticos, techo elevado y dudosa acústica.

Luego de algunas invitaciones no atendidas, el quinceañero de botas gastadas y casaca de cuero, por fin se había decidido a conocer en directo a esa banda de la que tanto le hablaba el chico McCartney, el mismo que años después iría a componer algunas de las canciones más importantes de la historia del rock pero que por esos días, viajaba diariamente a su lado en el bus de la escuela.

Una vez dentro del local, George junto a casi una centena de adolescentes, se dejó arrollar por el intenso sonido del Skiffle y el rock & roll que provocaba una banda de jóvenes ídolos con el pelo engominado y vestuario formal: The Quarrymen. Canciones de Elvis, Gene Vincet, Chuck Berry y algunas pocas composiciones propias hacían mover con movimientos más parecidos a un trance, a chicos y chicas que acudían al Wilson Hall en busca de rebeldía transformada en canción y liberación de energía.

Sobre el escenario, ese día George vio por primera vez a quien con el tiempo, y luego de muchas aventuras, grabaciones y viajes, se convertiría en su amigo y hermano mayor de la vida, John Lennon. Terminado el show, McCartney se acercó a George, lo tomó del brazo y aún poseído por la adrenalina, le preguntaba qué le había parecido el desempeño de la banda, lo condujo a través de la gente hasta el pequeño altillo que servía como escenario. Se pusieron a unos centímetros de Lennon, que en ese instante distraídamente desconectaba los viejos amplificadores que había utilizado y que levantó la cabeza solo cuando escuchó la voz de Paul casi gritándole. – “Hey John, te presento a George, toca muy bien la guitarra” - comentó Paul con una gran sonrisa. John desplazó su mirada de pies a cabeza sobre la larguirucha humanidad de George y casi sin inmutarse murmuró “es un niño” mientras se volvía para continuar con sus asuntos del amplificador.

Paul McCartney, George Harrison y un amigo (1957)
Paul McCartney, George Harrison y un amigo (1957)

George tenía 2 años y algunos meses menos que John pero no se amilanó ante la respuesta poco amigable del líder de su futura banda – “Tranquilo, él es así”– le dijo Paul mientras lo jalaba del viejo sacón para que lo ayude a guardar en sus respectivos estuches algunas cosas tiradas sobre el escenario.

Minutos después, ya con los equipos e instrumentos guardados y al hombro, Paul y George salieron del cálido Wilson Hall a luchar contra el frío de la calle mientras hablaban sobre sus canciones y músicos preferidos.

Se habían enfrascado en una discusión acerca del estilo de Carl Perkins y cuál de sus canciones podría interpretar The Quarrymen hasta que, repentinamente, una mano se posó sobre el hombro de Paul. Era John, que venía apurando el paso pues debía llegar rápido a casa; pese a ello, escuchó parte de la conversación que agotaban ambos. Sin inmutarse demasiado, pasó junto a ellos y con el mismo tono seco y cortante que caracterizaban sus frases cada vez que trataba de inspirar aires de superioridad, se dirigió a McCartney – “Ensayo el miércoles, lleva al niño si quieres”-, luego giró de nuevo la cabeza y se fue silbando con una mueca ensayada más que con una sonrisa real.

Llegó el miércoles. George había dormido pésimo la noche anterior porque, además de que un viejo resorte se había desoldado de la estructura de fábrica, había tenido pesadillas acerca de su futuro. Se vio trabajando en una antigua fábrica cargando partes oxidadas de un barco mercante, mugriento y débil mientras soportaba un aguacero infernal; lejos de sus dibujos de guitarras hechos por el mismo que descansaban abandonados en su mesa de noche, lejos de ese miércoles que estaba por empezar y que lo conduciría al encuentro tan deseado con Paul y John.

Paul McCartney y George Harrison
Paul McCartney y George Harrison

Saltó de la cama, desayunó ligero, practicó una melodía nueva en su vieja guitarra, ensayó frente al espejo cómo pararse en el escenario, cómo recibir los aplausos, cómo marcar el ritmo con el pie derecho, cómo estirar el brazo para darle la mano a Lennon. La mañana pasó rápida, tenía la dirección del lugar donde se encontraría con Paul y el resto de los chicos en un papel arrugado y la tinta algo corrida por la humedad del bolsillo. Llegó temprano pero no había nadie aún.

Para cuando Lennon apareció ya estaban todos tocando. Habían hecho un círculo en el que junto a los acordes predominaban las risas, excepto en el rostro de George, quien con la mirada fija en su guitarra parecía absorbido por el ritmo que se iba generando en esa suerte de jammin. John se acercó al grupo y sin que medien palabras, cada uno de los integrantes fue dejando de tocar lentamente su instrumento, quedando únicamente el joven visitante en un solo de guitarra que rompía desafiante el ahora silencio reinante.

Ringo Starr, George Harrison, Paul McCarney y John Lennon
Ringo Starr, George Harrison, Paul McCarney y John Lennon

Fueron dos minutos y algunos segundos en los que George se dejó llevar. Luego del último rasgueo, ya liberado del trance, recién se dio cuenta de John que lo miraba fijamente. Fueron pocos segundos, pero parecieron eternos. George solo alcanzó a girar ligeramente la cabeza en busca de Paul, quien le respondió con una media sonrisa mientras le sacaba la última gota de sabor a su chicle.

-John Lennon- dijo en tono fuerte el líder de Los Quarrymen al estirando firmemente su mano en dirección al joven guitarrista. - George Harrison – replicó el chico de Liverpool mientras por fin, estrechaba la mano de su nuevo amigo.

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