Tanta fama de artista irregular, egocéntrico y excesivo ha llevado a Calamaro a lo más inesperado: a ofrecer actuaciones cabales, con sabor a tradición y nobleza rockera. Con mucho material de sus discos clave y pocas canciones recientes, es decir, como los grandes del rock. ¿Se está convirtiendo Calamaro, por fin, en Dylan? No del todo: su repertorio es casi fijo noche tras noche, y las adaptaciones, aun sin teclados, no desfiguran los originales. Ante todo, la gente que asistió a Razzmatazz en España se dejo encandilar con las primeras palabras del bonaerense "Volvemos como siempre, con alegría y respeto". Las canciones de su reciente La lengua popular, como Mi gin tonic y 5 minutos más (minibar), aguantaron la tensión Pero Calamaro y su banda lograron transmitir esa mezcla de urgencia rockera y emoción tan propia de la tradición argentina. |